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Integración sensorial: guía esencial para familias y docentes

POR Laura Fajardo Horno
14/01/2026

Integración sensorial: guía esencial para familias y docentes

Hay niños que no soportan la etiqueta de la camiseta. Otros que buscan girar sin parar, como si fuesen peonzas humanas. Algunos parecen estar en su mundo; otros lo sienten todo con una intensidad que descoloca. Y detrás de todo eso, muchas veces, hay una clave olvidada: la integración sensorial.

Es ciencia, es desarrollo. Y, sobre todo, es la diferencia entre un niño que puede funcionar en el día a día y otro que lo vive como una carrera de obstáculos.

En esta guía encontrarás respuestas reales. Escritas desde la experiencia de más de 10 años como terapeutas ocupacionales especializados en atención domiciliaria, ayudando a familias que, como tú, no sabían por qué su hijo reaccionaba así. Y, sobre todo, qué hacer al respecto.

 

Si esto te suena, sigue leyendo

Quizá tu hijo es de los que parece no cansarse nunca. O, al contrario, rechaza cualquier estímulo como si el mundo le molestara. Tal vez en el colegio te han dicho que se distrae con facilidad, o que le cuesta seguir las rutinas. O incluso has llegado a pensar: "¿Será que le pasa algo y no lo estoy viendo?"

No estás solo. Muchos padres y docentes viven esa misma incertidumbre. Y ahí es donde entra la integración sensorial: ese sistema oculto que orquesta cómo sentimos, cómo interpretamos y cómo respondemos al mundo. Si falla, el niño no es que “se porte mal”. Es que su sistema nervioso está haciendo lo que puede.

Este artículo te va a ayudar a:

  • Entender qué es y cómo funciona la integración sensorial.
  • Detectar señales que podrían estar pasándote desapercibidas.
  • Descubrir qué beneficios tiene la terapia de integración sensorial en niños, sobre todo en edades tempranas.
  • Poner en marcha estrategias prácticas para casa y escuela.

Porque no se trata solo de “estimular más” o de “poner límites”. Se trata de conocer, comprender y acompañar. Vamos paso a paso.

 

Integración sensorial: el procesador invisible que marca el ritmo

El arte de organizar lo que sentimos

Todos recibimos constantemente miles de estímulos. Un ruido. La textura de los calcetines. Un olor fuerte. El movimiento del autobús. Pero no todo lo registramos conscientemente. Nuestro cerebro filtra, ordena, prioriza. Eso es integración sensorial: el sistema interno que decide qué importa y qué no, y cómo responder.

En los niños, ese sistema aún está en construcción. Y a veces, la obra se descoordina.

No son los cinco sentidos… son más

Además de vista, oído, tacto, gusto y olfato, en integración sensorial hablamos de tres sentidos cruciales:

  • Propiocepción: Nos dice dónde está cada parte de nuestro cuerpo. Es la base del equilibrio y la fuerza justa.
  • Vestibular: Nos orienta en el espacio. Influye en el equilibrio, el control postural y la seguridad corporal.
  • Interocepción: Nos avisa de lo que pasa dentro (hambre, frío, ganas de ir al baño…).

Cuando alguno de estos sistemas no funciona bien, el niño reacciona como puede. No como quiere.

¿Y cómo se nota? El día a día lo dice todo

En casa: no es que “no quiera”, es que no puede

Algunas escenas que vemos a diario en las familias que atendemos:

  • El niño se tira al suelo cada vez que le lavas el pelo.
  • No tolera pantalones ajustados ni calcetines con costura.
  • Mastica ropa o muerde juguetes compulsivamente.
  • Parece que siempre está “en modo terremoto”.

¿Te suena? Entonces puede que haya algo más allá de la conducta.

En el aula: niños que no encajan en la caja

Los docentes lo ven:

  • Niños que se levantan sin parar.
  • Que se tapan los oídos en clase de música.
  • Que no soportan los recreos bulliciosos.
  • Que no logran concentrarse porque todo les distrae.

La mayoría son etiquetados como "hiperactivos" o "desobedientes". Pero quizá simplemente no están pudiendo procesar bien lo que sienten.

¿Y qué se hace? La terapia de integración sensorial no es lo que imaginas

¿Qué es exactamente?

Es una intervención basada en el juego, diseñada para organizar el sistema nervioso del niño. No se trata de forzarlo a tolerar lo que no puede, sino de proponer actividades que ayuden a su cerebro a integrar mejor los estímulos.

Se trabaja con columpios, texturas, pelotas gigantes, juegos de presión… todo con un objetivo: mejorar su autorregulación, su atención, su coordinación y su bienestar emocional.

¿Por qué entre 0 y 6 años?

Porque es la etapa más plástica del desarrollo. Todo lo que se trabaje ahí queda registrado en el sistema nervioso y tiene un impacto duradero. Es cuando más se nota el avance… y cuando más daño hace la falta de intervención.

Los beneficios de la terapia de integración sensorial en niños entre 0 y 6 años son tan evidentes como:

  • Más calma. Menos rabietas desproporcionadas.
  • Mejores hábitos de sueño y alimentación.
  • Mejora de la coordinación fina y gruesa.
  • Más atención en clase y menos conflictos.
  • Mejor autoestima y más seguridad en sí mismos.

Y sí, todo eso influye también en el clima familiar.

¿Y qué puedes hacer tú como madre, padre o profe?

Estrategias en casa que sí funcionan

  • Rutinas sensoriales: antes de salir de casa, juegos de presión o cepillado sensorial. Después del cole, una pausa con luces suaves y texturas agradables.
  • Zonas seguras: un rincón con cojines, mantas y juguetes que calman, no que estimulan.
  • Lenguaje respetuoso: cambiar el “no seas tan exagerado” por “sé que esto te molesta, vamos a buscar otra opción”.

En el cole: el aula como espacio sensorialmente amable

  • Evita fluorescentes ruidosos. Usa luz cálida si es posible.
  • Deja que algunos alumnos se sienten en pelotas de pilates, cojines de aire o bandas elásticas.
  • Incluye pausas sensoriales: 5 minutos de movimiento pueden evitar 20 minutos de conflicto.

Y sobre todo: comunica. Habla con las familias, con los terapeutas. Coordinarse multiplica los resultados. En Proyecto Pasitos lo vemos cada día: cuando el entorno colabora, el niño se transforma.

¿Cómo se diagnostica? ¿Qué pruebas se hacen?

No hay un análisis de sangre para esto. Pero sí hay herramientas fiables:

  • Cuestionarios estandarizados como el Sensory Profile (Dunn).
  • Evaluación directa por terapeutas especializados.
  • Observación funcional en varios contextos: casa, escuela, parque.

Y lo más importante: escuchar a quien convive con el niño. Nadie detecta mejor los matices que una madre o un maestro atento.

Algunas preguntas que todo el mundo se hace

¿Esto es lo mismo que tener autismo?

No. Pero pueden solaparse. Muchos niños con autismo tienen alteraciones sensoriales, pero no todos los que tienen dificultades sensoriales están en el espectro. La integración sensorial se trabaja con o sin diagnóstico.

¿Debería preocuparme?

Preocuparse no. Ocuparse, sí. Si lo que sientes es que tu hijo sufre, se frustra o no disfruta… hay algo que mirar. Y cuanto antes, mejor.

¿Esto se cura?

No es una enfermedad. Es una forma distinta de procesar el mundo. Y sí, se puede mejorar muchísimo con la intervención adecuada. No se trata de cambiar al niño. Se trata de darle herramientas para que pueda ser él mismo sin sufrimiento.

Cuando lo entiendes, todo cambia

La integración sensorial no es un capricho ni una etiqueta nueva. Es una forma profunda de entender a los niños desde lo que sienten, no desde lo que aparentan.

Desde Proyecto Pasitos, llevamos años entrando en casas con una sola misión: acompañar. No desde la teoría, sino desde el respeto, la escucha y la experiencia real. Porque cada niño necesita algo diferente. Y cada familia merece una respuesta a medida.

Si crees que este puede ser el caso de tu hijo, estamos para ayudarte. No hace falta esperar a que el colegio se queje. No hace falta llegar al límite. A veces, con entender lo que ocurre, ya empieza el cambio.