6 superhábitos para fomentar buenos hábitos en la primera infancia. Mejorar la alimentación y sueño de tu hijo
Por Laura Fajardo Horno, terapeuta ocupacional y directora de Proyecto PasiTOs5 min de lectura

La vida moderna nos acelera y nos desconecta de la salud. El estrés, ir corriendo de un lado para otro, sentir que no tenemos tiempo, la vida sedentaria, la oficina, estar enganchado a las pantallas la mayor parte del día, la alimentación a base de procesados y anti nutrientes…
Es un milagro que nuestro cuerpo aguante tanto sin enfermar. Pero es fácil caer en la depresión, estrés, obesidad, cansancio y estilos de vida insanos que nos lleven a la enfermedad (física y emocional).
Es hora de dar un paso hacia una vida más saludable. Sigue leyendo para descubrir cómo pequeños cambios pueden marcar la diferencia.
¿Cuáles son los factores de riesgos de la vida moderna?
- Pérdida de Biorritmos
- Alimentación (Azúcar, procesados, poco nutritiva)
- Sedentarismo
- Lenguaje toxico
- Exigencia vs sobre protección
- Desconexión familiar
Pero… ¿podemos hacer algo para frenar la inercia a la que nos lleva esta vida moderna?
SI, en lo que a la infancia se refiere mucho.
Es nuestra responsabilidad dotar a nuestros niños y niñas aquellos hábitos que les lleve a conservar la salud y mantener el equilibrio físico, emocional y social.
Los hábitos, aquellas cosas que realizamos todos los días de manera casi automática, definen quien somos y nuestra salud. Los hábitos definen nuestra vida y nos programan.
Es fundamental equipar a nuestros niños y niñas de aquellos super hábitos que les acompañen el resto de su vida y les protejan de la vida moderna.
Los 6 superhábitos
Crea hábitos de sueño
El sueño es fundamental para el aprendizaje, si no descansamos, nuestro cerebro no es capaz de integrar información.
¿Cómo podemos potenciar la calidad de nuestro sueño desde pequeños?
Cenar pronto: Somos seres solares, es decir, nuestro organismo y sus funciones se rigen por la luz solar, es por ello que cuando empieza a anochecer dependemos de la melatonina, hormona que induce el sueño. Adelantar la cena nos permite respetar los ciclos circadianos dejando que el sistema inmune actúe cuando tiene que actuar (durante la noche) para combatir posibles patógenos. Para ello es importante crear rutina con nuestros peques y llevarles a una actividad baja a ultima hora de la tarde, mediante una ducha relajante, música tenue y tranquila, luz baja… y todo aquello que nos lleve a la calma.
Dormir antes de las 9h-10h: Siguiendo la rutina anterior, podemos ir adquiriendo rituales que nos lleven a la calma y a la relajación, lo que inducirá estados de alerta baja y al sueño.
Contacto humano
El contacto piel con piel es la mejor manera de que podamos conectar con nuestros niños/as de manera íntima. Este contacto potenciará el vínculo, aportará seguridad y facilita la segregación de serotonina (hormona del amor y la felicidad).
Alimentación nutritiva y consciente
Para evitar caer en los atracones de comida y tener una buena alimentación, que el adulto tenga una buena relación con la comida es fundamental, ya que el niño imita todo lo que ve en su entorno.
Explorar diferentes texturas. Cuantas más experiencias sensoriales con la comida tenga el niño en los primeros años de vida, mejor (hay que potenciar que el niño/a toque, huela, chupe…); de sus primeras experiencias dependerá su relación con la comida en el futuro. Ofrecer alimentación variada y saludable es la clave.
La lactancia materna (sistema inmune): está científicamente comprobado que es el nutriente infantil por excelencia y programa el sistema inmune del bebé.
Evitar aparatos electrónicos en la mesa. De esta manera nos centraremos en los olores y sabores de la comida, y daremos la importancia que se le debe de dar a esta actividad. Además, es una forma fantástica de compartir en familia.
Autonomía. Dejar que el niño vaya comiendo solo (aunque al principio se manche), esto incrementará su motivación por la comida.
Movimiento en todas las edades
El ser humano necesita movimiento, ¡pero el niño/a aún más! Es su motor para el aprendizaje y sus músculos se programan para la actividad física futura (el cuerpo tiene memoria).
Además, ayudará a que el niño/a duerma mejor.
¿Cómo nos movemos? Jugando al aire libre, realizando deporte, caminando, haciendo yoga... Y por supuesto, ¡siendo ejemplo!
Lenguaje bonito, buena autoestima
Prestar atención a cómo hablamos a nuestros niños, ya que las palabras determinarán el concepto que tienen de sí mismos y su autoestima.
Para ello...
- Pensar antes de hablar (ya que las emociones a veces nos juegan malas pasadas)
- Evitar adjetivos o etiquetas (qué vago, torpe...)
- Utilizar palabras amigables (lenguaje positivo que lleve a la superación personal)
¡La programación de nuestro lenguaje interno nos lleva a una buena autoestima!
Exigencia vs sobreprotección
Intentar ir hacia un equilibrio entre la exigencia y la sobreprotección, dando responsabilidad pero sin que importe tanto el resultado (perdiendo de esta manera el miedo al fracaso).
Tener en cuenta que sobreproteger a los niños nos va a dar niños inseguros, miedosos y dependientes y que la confianza que sientan de nosotros es la llave para su autonomía y confianza en sí mismos a lo largo de la vida.
Conexión familiar
Conectar en familia es la clave del éxito. Ser un equipo fuerte empieza por la comunicación intrafamiliar y para ello es necesario disponer de espacios para conversar sobre cómo nos sentimos en la familia, necesidades personales, propuestas de mejora, responsabilidades de cada individuo... y esto podemos empezar a generarlo en los primeros años de vida del niño/a; ahí empezará a adquirir el hábito de la conexión con las demás personas y el arte de poder comunicar nuestras emociones.
Tener equilibrio en la vida, salud física, mental y emocional, nos convierte en seres humanos plenos a lo largo de la vida, y esto es algo que sin duda se aprende en los primeros años de vida.

